El lunes empiezo… la guerra contra la operación bikini eterna

Ponerse repibón parece chupado cuando ex-gordos convertidos en gurús del fitness te bombardean con dietas milagro: la keto, la paleo, la crudivegana, el ayuno intermitente, el teto, el real fooding… 

Pareciera que le han declarado la guerra a uno de los mayores placeres de la vida: el comer. Pero si querían jarana… en este post se la devolvemos. Aquí van dos tazas.

Declaramos oficialmente la guerra a las dietas (tal y como nos las han colado). 

¿Basándonos en estudios científicos de la Universidad de MisC. O. (Jones)?  No, más bien por la escalada de desórdenes alimenticios que vemos en hombres. 

Como te podrás imaginar se dispararon cual cohete desde la pandemia, están infra-reportados porque a la peña le da vergüenza ir al médico por estigma social y están infra-tratados porque tampoco hay tanto bagaje histórico… un cuadrito, vaya. 

De andar por casa, a todos estos trastornos se les mete en el paraguas de la llamada manorexia, que tiene muchos colores y formas. La más conocida, la vigorexia (que idealiza la dismorfia muscular o cuerpo Hulk); pero también hay otras como la ortorexia (u obsesión por comer 100% saludable), anorexia masculina, … 

Y más allá de las consecuencias físicas, pues obvio que la manorexia lleva asociada taritas mentales a largo plazo derivadas de querer lucir un figurín más normativo que los que te encontrarías por las duchas de Las Encinas.

En definitiva, que nosotros también nos comemos con cuchara el estereotipo marketiniano del pavo mamadísimo de músculo e hiperdelgado a la vez y, al igual que en la industria cosmética, la industria de las dietas nos cuela estándares y promesas imposibles para intentar vendernos la nueva rutina de moda.

Para que no te la den con queso, aquí va nuestro Top 4  banderas rojas 🚩🚩🚩

... que nos levantan la ceja en el mundo de las dietas:

1. Alimentos prohibidos (prohíbeme esta)

Plátanos por el azúcar, una caña y unas bravas un viernes porque no es el ‘cheat-day’, hidratos solo el domingo… 

¿Really? Si la dieta es más controladora que tus padres cuando descubriste la existencia del botellón, no la queremos ni aunque nos la intenten meter haciendo el avioncito.

2. Comida #putoaburrida

Señores y señores, el menú del resto de tu vida: almorzar brócoli y pollo al vapor, zanahorias crudas a media mañana y una ensalada con yogur cero de cena. 

Lo que no mata engorda, pero alguna dieta de estas te matan en vida del aburrimiento.

3. Dietas que se creen q somos Daviz Muñoz

Bienvenidos a Masterchef. Tienes 4 horas para preparar comidas para el resto de la semana, tropecientos ingredientes salvajes, 20 elaboraciones, el fregadero hasta el techo… y la factura de la luz de la freidora de aire por las nubes. 

Si te pasas el día trabajando como un cabrito… llegar a casa y sacar una pizza del congelador no es un pecado capital: es supervivencia.

4. Un máster online previo a cada comida 

2h en el súper leyendo etiquetas, la calculadora por delante para contar calorías, la app que separa sin ninguna base científica los alimentos en buenos, reguleros y malos malísimos… el Excel en el que apuntas todo lo que comes. 

En serio, por menos inversión de tiempo tenías un doctorado bajo el brazo (y de los buenos, no como el de los políticos).

En conclusión, menos quitarse kilitos y más quitarse vergüenzas

Ahora que vienen meses de destape, de camisita hawaiana abierta hasta el ombligo y de repetir el mantra de que la vida son dos días… 

Tenemos la excusa perfecta para desnudar todas esas cositas chungas que han alimentado nuestros miedos y vergüenzas hasta hoy, para aceptar al fin nuestro cuerpo tal y como es… y para abrazar cómo queremos ser nosotros a partir de ahora.  

Sin agobios, presiones externas ni dietas tiránicas. 
Porque comer bien no debería estar reñido con disfrutar. 

Así que vamos a ponernos a dieta de dietas y vamos a comernos este cachito de mundo que tenemos por delante con ganas y sin complejos, que ya toca.

PD: Y para los que se han quedado con hambre… Este post viene patrocinado por una cremita que no puede faltar en la única dieta que nos mola de verdad: la del cucurucho.

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